Presentando a Cecilia

Este es un artículo diferente a los demás, porque de este artículo yo solo escribiré esta introducción. El resto lo escribe Cecilia. Cecilia, voy a presentarla, es una mujer especialmente interesante. Cuando la conocí le hablé del Método de Exploración del Conocimiento Interior y le ofrecí hacer una ECI. Un par de días después me dijo que si, que le apetecía probar, y concertamos una cita. Y así hicimos no una, sino varias ECIs. Y en cada una de ellas yo descubrí algo que no había descubierto hasta ese momento. Fue gracias a Cecilia que me di cuenta de que una ECI puede ir mucho mas allá. Hasta ese momento el Método ECI estaba orientado principalmente a resolver problemas de salud. También había demostrado ser muy útil para indagar y resolver las causas de profundas infelicidades o tristezas. Incluso incomodidades con padres, hijos, trabajo, o aspectos propios que uno nunca había descubierto conscientemente.

Cecilia y las vidas pasadas

Pero a través de Cecilia el Método ECI reveló que puede ir mas allá, mucho mas allá. Junto a Cecilia indagué por primera vez en vidas pasadas, y las utilicé para solucionar cuestiones de la vida actual. Y gracias a ella descubrí cómo acceder a las enseñanzas espirituales que encierra cada una de las vidas que hemos tenido. Fue con Cecilia con quien comencé a experimentar la expansión de consciencia que se ha revelado probablemente como lo mejor que puede ofrecer el Método ECI. Adivino sin temor a equivocarme que todo lo que Cecilia me ha permitido descubrir es fruto de una consciencia mucho mas elevada que la mía propia. Me siento profundamente agradecido por haber encontrado una Maestra de tal categoría gracias a este Método. Y como no, de poder compartir el enorme aprendizaje que me brinda con todos aquellos que desde entonces acuden a hacerse ECIs.

Una de las sorpresas que Cecilia me permitió descubrir fue comprobar con plena certeza la existencia de vidas anteriores a esta. Otra, sin duda espectacular, fue saber que uno realmente nunca muere. No solo eso, sino que podemos comunicarnos con los seres queridos que ya no están con nosotros. Pero lo mas sorprendente (que no lo mas importante, seguramente) fue comprobar que en otras vidas anteriores hemos podido ser otro tipo de seres, como animales. No se si estas líneas son suficientes para que el lector alcance a ver la importancia de esto que estoy escribiendo.
Abundaré en estos descubrimientos en el futuro, pero ahora quiero centrarme en este descubrimiento. Cecilia va a relatar cómo vivió en una ECI la experiencia de haber sido una leona en una vida anterior. A partir de aquí, os dejo con ella.

Empieza la ECI

¡Bienvenida a tu pasado!

Cómo me gusta esta frase… Me traslada en el tiempo a momentos, algunos maravillosos, algunos duros y otros simplemente inclasificables, como el que describo a continuación.

Ya había hecho algunas ECIs con Gerardo y muy a menudo, las experiencias que revivía, las intensas emocionalmente, me hacían sentir una opresión en la garganta, una molestia, como un nudo… Así que ese día, en un momento de la ECI, me dijo: “ahora te voy a contar 3,2,1 y vas a ir a un momento anterior, más atrás en tu vida, vas a ir al primer momento donde hayas sentido esa molestia en la garganta. 3, 2, 1…”. Chasquido de dedos, y…

¿Cómo llegué a ser una leona?

Y sin saber cómo, llegaron a mi cabeza imágenes, al principio distorsionadas, una especie de borrones de colores que se iban aclarando lentamente. Era un suelo, podría decir un camino, aunque no estuviera despejado. Era de tierra seca, marrón y con muchas piedras pequeñas y grises distribuidas sin ningún orden. Estaba rodeado de hojas verdes de distintos tonos y formas. Era una sensación extraña, intensa y maravillosa. Las veía nítidamente, era capaz de observar cada una de las hojas, forma, color, brillo, tamaño y situación, pero todas al mismo tiempo y en una fracción de segundo.

Nunca he tomado drogas, más allá de algún vinito… pero lo compararía con algún psicótropo. Un multiplicador de sentidos, belleza real sencilla y aumentada, sin distorsiones. Al mismo tiempo sentía el suelo en mis pies. Cada una de las piedras que pisaba; sentía los fuertes músculos de mi espalda tensarse y destensarse a cada paso. Sentía la piel gruesa de mi espalda, unido todo ello a la sensación de estar viva. Era Yo, fuerte, poderosa, muy segura de mí misma. Caminaba por un lugar y lo controlaba, como si todo me perteneciese, como si todo estuviera ahí para mi, una especie de autoridad sobre todo. Y todas esas impresiones y sensaciones fueron simultáneas, en un sólo segundo (bueno, de esto no estoy del todo segura, no tengo claro cómo pasaba el tiempo).

Cómo es ser una leona

Y entonces Gerardo me dijo “mírate los pies, ¿qué llevas en los pies?“, y lo vi. No llevaba nada en los pies. Ni siquiera eran pies. Eran unas patas marrón claro, casi el mismo color de la tierra que pisaba, con pelo, y esas garras… eran unas patas grandes, fuertes, poderosas… ¡era una leona!.

“¿¡Una leona!? ¿Y qué haces ahí, adónde vas?” preguntó. Yo no tenía un destino establecido, simplemente caminaba y observaba lo que había a mi alrededor. Estaba allí y eso era lo que estaba haciendo. Plenamente centrada en el instante, centrada en todo lo que mis sentidos me transmitían, y eso que mi Yo leona, en aquel momento, no los tenía todos: tenía la vista, el tacto, el oído y la propiocepción. Pero no tenía gusto, ni olía nada en ese paseo. Supongo que no cabían en mi mente tantos detalles, tantas sensaciones, porque con sólo esos, ya estaba repleta. Caminaba con calma, llena de paz, sin objetivo claro, simplemente inspeccionaba mis dominios.

Me sorprendió principalmente la seguridad. Todo era como tenía que ser. El mundo entero era para mí, podía ir donde quisiera, hacer lo que quisiera, era la máxima autoridad del mundo y estaba en el mejor lugar del mundo, el que yo había escogido.

Lo único desagradable o que rompía esa especie de perfección absoluta era una sensación rasposa en la garganta, que no sabría a que achacar.

Era sencillamente genial.

¿Cómo vive una leona?

Gerardo volvió a contar 3,2,1 y me hizo ir a otra escena. Entonces llegó el lago. Creo que me estaba preguntando por la caza, cuándo cazaba, o cómo escogía mis presas, pero no quise cazar. Reconozco que fue mi Yo persona que no quise ver a mi Yo leona cazar, no quería sentir la sangre. Para la leona, cazar era normal, necesario, sin mas. Estaba bien. Como todo lo demás que hiciera. Me acerqué a un lago pequeño y al otro lado ví a un animal, podría ser una gacela o una especie de ciervo, no se. También era marrón y con pelo. Yo le veía como “susceptible de ser cazado” algo así como “comestible“. Me puse a beber y otra vez se llenó mi cabeza de sensaciones. La humedad en mis barbas, las ondas del agua, los movimientos de mi lengua áspera, la temperatura y el frescor del agua, los hierbajos de la orilla… como las hojas, todo a la vez y a la máxima potencia. Levanté los ojos y aquel animal me vió. Entonces lo descarté como presa. Me había visto, eso dificultaría la caza, ya encontraría otro. Y disfruté de mi bebida.

Otra escena siendo una leona

Como no quise pasar por la experiencia de cazar, Gerardo me llevó a otra escena. 3,2,1, y la siguiente escena era con mi manada. Eramos un grupo de unos 10 leones, 3 de ellos pequeños, que querían jugar. Yo estaba sentadatirada en una sombra y los cachorros se acercaban a mi. Yo sabía que querían jugar a atacar y sorprenderme. Estaba cómoda, descansando y con un empujón de una de mis patas, sin hacer mucho esfuerzo, los tiraba al suelo alejándolos de mí. Pero se volvían a levantar y al poco rato estaban de nuevo intentándolo. Así que en una de las ocasiones los dejé “ganar”, me dejé sorprender por su ataque, movía las patas, pero sólo los pies, no se si me expreso bien, no quería empujarlos, los dejé acercarse; me mordían el cuello, o lo intentaban, aunque no atravesaban mi piel gruesa. Yo movía la cabeza, abriendo la boca como en una especie de queja-amenaza y movía sin fuerza mis “pies” en una suerte de falsa defensa, dejándolos disfrutar de su victoria, y disfrutando también yo.

Bien, me decía a mí misma, serán buenos cazadores. Mi sensación era de alegría, orgullo y diversión al mismo tiempo. Todo estaba bien.

La muerte del león

La última escena fue mi muerte. No se que me pasó, cómo llegué a ella. Gerardo me llevó “al último momento de tu vida” y ese era en la orilla de un lago. Pero no veía agua, solo barro, barro oscuro. Estaba tumbada en él, casi entera llena de barro; me sentía débil, sin fuerzas, no podía ponerme en pie. Sabía que estaba muriendo. No tenía ningún miedo, solamente estaba agotada. Y fin. Dejé de sentirme leona.

Al menos, con patas y fauces. Ahora entiendo esa seguridad que transmito a veces, y entonces la refuerzo. He aumentado la seguridad en mí misma, ya no es solo apariencia. Aunque aún me queda mucho que aprender de mi Yo leona.

Conclusiones

No puedo asegurar que todo lo que contado sea una experiencia mía en otro tiempo, pero tampoco lo puedo negar. Otras situaciones a las que llegue a través de las ECIs si se que fueron reales, estaban almacenadas en mis recuerdos, pero esta no tiene sentido… Solo he visto leones con buenas medidas de seguridad entre ellos y yo.
Lo mejor de todo es que no me importa. Fue una experiencia genial. Me dio seguridad en mi misma, y me enseñó que “todo está bien”. No me planteo más. Lo disfruté y estoy muy agradecida por ello. Las conclusiones que quiera sacar cada uno, serán de cada uno. La mia está clara:
Todo está bien.

 

Nota sobre la foto: es la que mejor he encontrado para reflejar como era aquello. Incluso las piedras, y el color de la tierra, eran de esa forma.